lunes, 15 de febrero de 2010

Miradas que no te buscan

Cansado de escuchar vidas ajenas que no quieren oírse a sí mismas, harto de soluciones que se escapan entre mis dedos... Si pudiera saberme, no necesitaría el mal...

viernes, 12 de febrero de 2010

Coloquios sexuales

Son solo tardes de sofá con intercambios verbales de hazañas sexuales. Lo verdadero viene en la búsqueda virtual de la carne.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Revoluciones pendientes

Pectorales amplios, ligeramente abultados, surco en medio, pezones pequeños, duros, piel tersa de joven. ¿Qué nos lleva a todos a no vivir nuestra vida? ¿Un miembro fláccido?

lunes, 8 de febrero de 2010

Espejos cruzados

Quotidie perimus...

Quizá no encuentro la pulsión sexual placentera en los demás o quizá la edad traza sus propios caminos de retirada. En muchas ocasiones he sentido que el deseo era el único motor y que se incorporaba a mi vida como otra más de las múltiples adicciones. La apatía llega siempre al final y evita que tenga que acudir a desenganchadores profesionales. El sexo ha sido y es unión y placer con el mundo aunque su tiranía y la de sus portadores me suman demasiadas veces en el hastío y la desesperanza.
Leía en Buñuel que la vejez fue deseable porque ya no tenía el amo cruel del deseo sexual. A veces he esperado que llegara ese tiempo para no sentir y he ansiado que, como todo, estuviera bajo el control de mi improvisación. Ahora mantengo una distancia cómoda, que me tiene todavía atado a las páginas de promesas y cuerpos impúdicos. La mayoría de las veces es la rutina quien gobierna, la atadura no gastada a un futuro mejor de miembros que sonríen y hablan en mi cocina. Otras busco todavía experimentar siendo el objeto más deseado. Pero las mayores búsquedas son solo para participar en el podio de los números, de las hazañas.
Pocas veces descubro en un nuevo cuerpo o en un profundo orgasmo la razón para que se repita mañana. Sin embargo, sigo ordenando mi casa, renovando mis muebles, rasurando mi torso cuando alguien, que solo me miró para el placer, está a punto de llamar a mi timbre.

lunes, 1 de febrero de 2010

Burbujas de lo humano (p)

Me contaba Ítalo que es educado con sus clientes porque no le gusta cobrar por sexo. No sé si siente vergüenza por su profesión o siente pena por sí mismo pero cree que el cambio de placer por dinero pone a los dos en situación de desamparo. Mira la prostitución desde fuera y sabe ver al otro con dulzura, como si ese acto fuera ajeno a los dos.
En su vida no hay sordidez y ahora entiendo la frialdad de su sexo. Le solía preguntar si disfrutaba en la cama y si era real lo que su cuerpo expresaba. No mentían ninguno, ni su boca ni sus músculos. Goza, pero solo una parte.
Ítalo habla de libertad para ser, para existir mejor. Sabe que vive en un mundo de dinero y poder y quiere disfrutar y no pisar. Ofrece con el mismo gesto unas galletas de fibra y un trío con un cliente-que-está-bien. La moral se esponja cuando soy su sincero profesor, él paga con su cuerpo y ninguno de los dos daña al otro.
Me gustaría creer que miramos con la misma inocencia y perplejidad. Me gustaría saber que dañar poco es posible.

Letargos de la conciencia

"Solo aprende quien quiere saber"

Quizá la única reforma educativa pendiente y necesaria sea la del autoconocimiento y la del conocimiento de los demás. La realidad, ese conjunto de hechos que ocurren sin que podamos hacer nada, es muchas veces la gran excusa para escabullirnos de la responsabilidad humana. Confundimos los terremotos con el reparto desigual de la riqueza, la diferencia de piel con la subordinación al poderoso y una papeleta en una urna con la conversión del pan en cuerpo de divinidad.
Nos inundan con datos, saberes externos y gotas de objetividad. Apelan a una rueda inevitable de la historia, del sistema, de las relaciones humanas igual que hablan de la progresión de una enfermedad. Los vates y predicadores justifican o demonizan, pero casi ninguno sitúa en el ámbito del tú y yo la realidad universal. Parece que nadie sepa enseñarnos a vivir de un modo más placentero siendo dueños y conscientes de nuestros actos y palabras. Pocos se atreven a pararse en seco y asumir que su vida única se acabará y que los lamentos son solo un desahogo momentáneo que no suele solucionar nada.
Sé que la libertad no existe y que la concordia es una bella palabra compuesta de corazón y juntamente. Sé que mi vida y las de los demás fluyen al margen de casi todo. Pero querría que mi margen fuera exclusivo y propio, no manchado por los márgenes propios de cada uno.

viernes, 29 de enero de 2010

Menos mal que existe el olvido (p)


Tengo miedo a envejecer, a la constante pérdida del yo.