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viernes, 27 de enero de 2012

Neuras infantiles

¿Me seguirás algún día?

jueves, 13 de agosto de 2009

La felicidad en Amsterdam (y III) - Voldenpark (p)


¿Qué es ser feliz en Amsterdam?
Fumarte un porro en el césped de Voldenpark con un lago al lado con sus patos y su garza fumada y los animales que se te acercan amistosos y de fondo suena una música hindú con su familia y unos holandesotes al lado hablando un holandés muy propio y un adolescente de pectorales incipientes emerge con sus amigos y al fondo, siempre al fondo, tu camarero guapo del café Vertigo, rubio, discreto, bellísimo, de dulces formas, masculino, con su chaqueta gris y su bicicleta y su sonrisa de escándalo y el que al final te devuelve dinero para que puedas usar la tarjeta (no se puede y tú no lo sabes).
Y el ánimo se te esponja. Vuelves a disfrutar, el caparazón seco de tu sitio en la vida se resquebraja, se va humedeciendo y notas cómo cae, cómo tienes otra piel más suave y nueva con la que puedes sentir de nuevo. Todo es diferente, sencillo, acogedor. Piensas que tu vida no te gusta, que te apasionas de casi nada que no sean afectos humanos y aquí vuelves a reencontrar los sentidos de lo artificial.
La dignidad y humanidad de Amsterdam es que todo ha sido inventado, creado y a eso se dirige el homenaje, al hombre como eje desnaturalizador y por lo tanto amable, educado, cortés, liberador. Soy humano porque puedo hacer lo que quiera sin sentir miedo. Puede reinar una garza loca en el estanque artificial y parece que todo el mundo es feliz. Parece que la armonía es posible y la tienes al lado. Alguien te pregunta mientras habla por teléfono qué haces y tú le contestas que escribiendo sobre Amsterdam-de dónde eres-España-ah!-tú?-imposible de entender-perdona-sigue con lo tuyo. Y tú escribes y él habla por teléfono y bebe cerveza, mucha cerveza y unos niños pasan por delante de ti.
Y los policías se paran y ayudan a un conductor que ha montado un atasco. No sale de su coche y ellos se meten debajo para sacar la lata. Y la larga fila de coches no se queja, solo un par de despistados; y los guardias no se ponen nerviosos, sonríen y piensan que quizá haya que intentar que la fila se mueva y les indican que hagan un poco de maniobra. Y los coches se mueven apacibles y empiezan a desfilar y de repente el coche causante del atasco se ve liberado y echa marcha atrás y la fila le deja. Y los policías se montan en sus bicicletas y se van.
Y te vas quitando el miedo a que el policía te vea fumar, al coche que no te deja ir tranquilo por la calle, a que no pueda encontrar lo que quiera, a que siempre haya un portero de hotel al que saludar (aunque no sea tu hotel). Siempre hay alguien dispuesto a ser amable. Es el balneario donde vivir una vida normal de ensueño donde tú eres siempre el protagonista y el placer es elegir el sitio para desayunar, las tiendas que ver, los cafés y terrazas para descansar, donde la única preocupación es: quiero encontrar una novedad y, entonces, cuando te has perdido un poco y has seguido a un chico guapo, te encuentras con un centro de intercambio de experiencias artísticas, con vistas a la calle y unos ordenadores monísimos. Y piensas que quizá haya otro mejor.
Y por fin te sientes húmedo por dentro otra vez, disfrutas viendo, inventado historias sobre la gente que ves, raptas conversaciones con tu lengua de bebé. Y sale el sol y se nubla y se acerca el perro y se va. Y aquí todo es mejor porque es novedoso, diferente, anónimo; pero podrías imaginarte viviendo aquí o que tu ciudad fuera como esta. Y sientes que para lo último no hay tiempo, que te trasladas aquí ahora o nunca.
Y eres feliz seguro una semana. La cáscara sale, se reblandece, todo se vuelve lento, amable, artificial, humano.

Belloch's town

Belloch, Juan Alberto habla siempre de convertir Zaragoza en una ciudad europea de vanguardia. Cuando publique un folleto del día del orgullo gay saludando a la población y haga un monumento a los homosexuales represaliados por el fascismo franquista y no dedique una calle a un pseudofalangista como Escrivá de Balaguer y tilde de retrógados a los críticos, entonces lo creeré. Cuando ponga la ciudad, sus parques, sus espacios públicos al servicio del ciudadano y no de sus ordenanzas, entonces lo creeré.
Mientras tanto, me seguirá pareciendo un megalómano de provincias que quiere escribir páginas de gloria para su historia arqueológica de la ciudad y no para la intrahistoria de sus habitantes.

Spanish empire

España es un modelo de leyes progresistas, pero no de gente progresista. La actitud corporal de un español andando por una ciudad extranjera es la de recelo, contradicción y eterna comparación negativa.

Camareros

Camareros que regalan sonrisas y atenciones. En las terrazas a uno le pides y te cobra, otro solo te sirve. Andanadas de camareros, tranquilidad y placer

Tulipanes y glory holes

Una ciudad que tiene un puesto ambulante de bulbos de tulipán y enfrente un banco con unos jóvenes fumando maría y un cuarentón-tras-glory-holes no ha de ser un happax sino un paradigma.

Común unión

Amsterdam no tiene ley para el turista porque la única ciudad que existe es la del otro y la tuya, que compartís pero no depredáis.

La felicidad en Amsterdam (II)

¿Qué es ser feliz en Amsterdam?
Que te quedes mirando un cartel de una exposición y alguien al lado te pregunte qué te parece y te diga que es buena y que conoce al autor pero que está lejos, en otra ciudad. Y entables la conversación de dónde eres-España-siempre un nice y tu ciudad no la conoce nadie-qué alivio. Y te pregunte cuánto tiempo estás-solo una semana-qué poco exclamamos los dos-voy a disfrutarla. Y él sonría y no te tire la ciudad a la cara ni se infle como un pavo hispano.
Solo gozan contigo porque su felicidad depende de la tuya.

Life examples

Amsterdam te da tiempo y ejemplos para sentir cómo querrías y podrías vivir.

La felicidad en Amsterdam (I)

¿Qué es la felicidad en Amsterdam?
Una pareja que ríe y tira comida a unos pájaros en el césped de un parque del centro y tú los miras fumado con el estanque al lado y el mismo césped y los pájaros no quieren molestar, solo comida.
Y un gato en una exposición de arte gay que te maúlla con el rabo muy tieso y con el que mantienes una conversación y una pareja te dice "solo quiere atención". Y tú lo acaricias y él ronronea y habla contigo con impaciencia.
Y al mismo gato te lo encuentras después por la calle y lo saludas y él contesta gruñón como es y se acerca otra vez con el rabo tieso. Y hablamos con caricias y refrotones y después de un minuto se va y se despide encaminándose hacia la galería.
Y una tarde de sexo morboso como quieras y al final del día sigues siendo la misma persona.