viernes, 12 de marzo de 2010
Putas normalidades
Pocos quieren conocer las debilidades, las diferencias. Cuando las conocen, entonces surgen los reproches de sus tristes miserias.
Revanchas de poder: pecados inciertos
miércoles, 10 de marzo de 2010
Mercadotecnia electoral educativa
lunes, 8 de marzo de 2010
Hilvanes olvidados
No se miraron ni esquivaron el momento doloroso de la separación, aquel que surgió después de quince días sin sexo frenético. Lloraron y solo uno supo que la vida sin él era el comienzo de la vejez.
domingo, 7 de marzo de 2010
Trastiendas de identidad
Una mañana dominical, un cigarro y unos árboles desnudos. Sueño, mareos y una falta absoluta de decisión. Unos ojos, unas palabras, una sonrisa y una promesa nada sobornable. El contacto con los humanos despeja las dudas del bienestar. Idas y vueltas, acercamientos y rechazos: el miedo de los demás a la soledad.
Escribir poesía puede ser un bálsamo, decir unas manos es ocultarse tras los biombos. Echarse a andar es decidir y errar. Pitidos en los oídos y una cafetera diseñosa como restos de sonrisas ajenas. Confío en las largas caminatas transitadas de placer: despilfarros de ingenuidad y negación de lo gastado.
Palabras y silencio, caricias comerciales, el anuncio de la destrucción.
Escribir poesía puede ser un bálsamo, decir unas manos es ocultarse tras los biombos. Echarse a andar es decidir y errar. Pitidos en los oídos y una cafetera diseñosa como restos de sonrisas ajenas. Confío en las largas caminatas transitadas de placer: despilfarros de ingenuidad y negación de lo gastado.
Palabras y silencio, caricias comerciales, el anuncio de la destrucción.
jueves, 4 de marzo de 2010
Fuego de campamentos (p)
Quizá siempre ha sido así: alguien se acerca, alguien sonríe y alguien decide la succión. Quizá antes no entendía que la mayoría no te quiere, que solo desea la parte de ti que puede gustar, hacer suya. Fui educado como una geisha para dar bienestar al otro, para sustituir mis deseos por las necesidades de cualquiera. Adquirí poco a poco la imagen del bello gato altivo, que sin embargo sabe que tiene dueño. Me acostumbré a no sentir casi nunca un amor desinteresado. Me colocaron en la atalaya de la objetividad y me hicieron farmakós, bálsamo, veneno al que se repudia por la culpa propia, al que se expulsa de la comunidad pero del que no se puede ni se debe prescindir.
Ayer volví a oír lo que debía sentir y desear, volví a sentirme expulsado a la escuela de la soledad.
Ayer volví a oír lo que debía sentir y desear, volví a sentirme expulsado a la escuela de la soledad.
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