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viernes, 4 de marzo de 2011

De psicopedagogos, padres y demás adláteres

Leo en un periódico una inquietante noticia a tamaño considerable. Un ilustre presidente de una asociación de psicopedagogos y una de asociación de padres claman contra el dislate de tres viernes festivos en poco menos de mes y medio. La tendencia de los seres humanos a buscar la responsabilidad en otros y a modificar solamente lo banal es infinita. Los males del sistema y de la práctica educativos son grandes pero no había caído en lo desastroso de esos viernes para el futuro de nuestros estudiantes. Reflexionaba sobre la realidad de nuestras aulas, sobre un sistema educativo que se basa fundamentalmente en lo fantasmal. Pensaba en los alumnos díscolos y su entorno familiar, en los profesores que no los ven como personas en proceso de formación y desvalidos ante sí mismos y los demás; y pensaba en todos los planes educativos, programas y demás organizadores del alma humana.
Entonces me acordé de aquella orientadora-psicóloga-pedagoga que nos arengaba en una comisión de coordinación pedagógica sobre el trato a los alumnos, el cumplimiento de sus expectativas y el verdadero foco de atención que eran sus intereses. En aquel momento sonreí solo con desconfianza. Al cabo de los meses cambió mi mueca cuando asistí al baile de expulsados de la orientadora-profesora y sus amargas quejas ante unos alumnos de casi dieciocho años que no le hacían caso. Y de nuevo volví a pensar: suum cuique (a cada uno lo suyo).

jueves, 13 de enero de 2011

Noemí

En los tiempos de la primera transición oía a menudo la apelación a la mano dura: los españoles no éramos capaces de ser en libertad. Pensaba en mi ingenuidad infantil que si la mayoría quería la democracia, ya no había ningún problema. Después aprendí que en sociedad siempre hay alguien que con su libertad aplasta la de otros.
En esa mirada infantil me impactaban los versos de una canción: "pero yo solo he visto gente muy obediente hasta en la cama, gente que tan solo pide vivir su vida, sin más mentiras, y en paz". Los gurus de la oscuridad anunciaban las sietes plagas con una sonrisa de superioridad macabra. Cuando oigo a muchos profesores, padres y demás adultos carentes de memoria propia hablar de las cachorros humanos, siento esa misma sensación.
Noemí tenía dieciséis años, era morena y todos los fracasos escolares posibles. Los informes la calificaban de habladora, nada interasada en los estudios y perturbadora del orden de la clase. Tenía una risa estridente que estallaba por cualquier motivo, se preocupaba de su pelo y arreglo con dedicación. Un día se acercó con su sonrisa habitual, aunque algo más fuera de sí, pidiendo un psicólogo. Lo pedía como quien pide un caramelo o un regalo barato. Después, ya fuera de la clase, me habló de su familia, de los maltratos, del miedo a su padre que portaba pistola, de una separación que podía anunciar muerte, del pánico a vivir. Lloró. Nunca había hablado con nadie. Nadie sabía su historia. La acompañé al psicólogo. Estaba nerviosa pero agradecida.
Dos años después, me saludó por la calle otra vez, con su sonrisa franca y su pelo teñido de rubio. Estudiaba peluquería y su expadre estaba muy lejos, en otra ciudad. Todo marchaba bien. Me dijo que había estado en el insituto y que había preguntado por mí. Me dijo que seguía igual de guapo. Nos despedimos con alegría verdadera. Hoy la he vuelto a ver y su sonrisa sigue tranquila.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Lejos de la tierra quemada (evaluación por competencias)

Pensaba en Yago estos días de final de trabajo: 18 años, guapo, sexual, con ganas de vivir y sin puntos cardinales ya. Pensaba en las ochos horas a la semana que paso con él. Pensaba en las cosas por las que me pagan: los ablativos absolutos, los casos, Atenas, Roma, el acusativo de relación, el legado arqueológico, la prueba de selectividad. Y pensaba en aquel café donde me contó sin más lo único importante, lo que uno siente, lo que quiere sentir, lo que duele sentir, la dificultad de actuar, de decir, de ser. Al día siguiente vino para hacer el examen. No sabía nada de casos, ni análisis sintácticos. Suspendió. Suspendió ocho horas a la semana durante tres meses. No me pagan por escucharlo, por ayudar a construir una persona.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Cumpliendo con los ritos (p)

No sé si nadie puede reclamar esfuerzo a nadie. Todos los días escenifico ese auto de fingir mostrar importancia, de apelar al futuro como premio para el presente. Siento que no debo nada a mi ciudad, a mi país, a esta sociedad de humanos que nunca me preguntó si quería ser social. Y me asusta ser un engranaje más; un engranaje amable, cercano pero verdugo al fin.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Portillos antiguos

Recorro parecidas calles, casi un idéntico trayecto aunque el origen y el destino sean diferentes. Entonces tenía trece años, todos los miedos, ansias de saber y vivir y un alarmante problema de relación entre iguales. Era un bicho raro al que nunca maltrataron por ello. Creo que, sin saberlo, cultivaba esa imagen que al menos daba posibilidades de ser en la individualidad. La clase era el sitio donde me sentía fuerte, donde me podía mostrar más real y donde había pocos fracasos. Allí surgió la pasión por enseñar como apéndice de un amor imposible. Allí la afición a la literatura como bien colateral de la pasión. Allí el grupo cristiano, mi afición a cazar conversaciones ajenas, los amores frustrados, cierto terror a los hombres y el arma secreta de la inocencia.
Ahora me sitúo al otro lado. Ya no hay miedos ni pudor, solo derrotas asumidas, pero el deseo es el mismo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ecos de Narciso

Siempre le doy clase al adolescente que fui.

viernes, 6 de agosto de 2010

Kuro destroza el tiempo (p)


Kuro es fiel, con la fidelidad del que sabe que podría estar con otro.

Kuro no entiende de cámaras de fotos, ni de correos electrónicos ni del ipc previsto ni de la competitividad basura. Entiende de olores, los míos, de cabezazos y ronroneos y de piernas entrelazadas siempre en la misma cama. Y entiende de miedos y huídas pero sabe que solo todo es peor.
Kuro aprendió la pereza, la inconstancia, la falta de rutinas. Y aprendió que las bolsas no eran monstruos, que los ruidos a veces no quieren decir nada. Olvidó que los libros dicen que los gatos odian los besos y un día decidió que su cabeza necesitaba un segundo beso, que agradecer la comida sabrosa le hacía feliz.
Kuro ha podido despertarse de una siesta sin sobresaltos, sin la cara vigilante, solo con un bostezo felino y una pata que se extiende a mi cara, que reclama mimos y compañías.
Ahora ya son solo las siete y media de otro día estival más. Kuro duerme. Un macho humano joven exhibe su fuerza y habilidad a una hembra que le sigue el juego. Solo queda una decrepitud lejana y una vida fuera que ya no es la mía.

lunes, 5 de julio de 2010

Oleadas (p)

"Prestábamos mucha atención, demasiada, a los defectos de nuestros pacientes, como Rebeca fue la primera en decirme, y demasiado poca a lo que estaba intacto o preservado en ellos. Utilizando otro término del argot, nos interesábamos en la "defectología", y demasiado poco en la "narratología", la ciencia olvidada y necesaria de lo concreto." Oliver Sacks.
"El secreto para poder desarrollar el talento de Yamamura fue compartir su espíritu. El maestro debería amar a la bella y sincera persona retardada y convivir con un mundo purificado y retardado." Motzugi citado por Sacks


Leía a Sacks que hablaba de pacientes neurológicos y causas perdidas. Me asombraba su capacidad de construir historias para un mañana, de vislumbrar futuro donde solo se ven derrotas del presente. Pero sobre todo me atraía su pasión por el conjunto, por la unión de todas las posibilidades médicas y su vislumbrar de una ciencia solamente humana, alejada y por lo tanto completamente cercana a los diversos saberes parciales y técnicos, llámense psiquiatría, neurología o matemáticas. Intuía su pasión por el arte como experiencia únicamente humana y como lo único capaz de vertebrar a todos los espíritus, como una secuencia superior y salvadora.
Rezumaba todo el texto esa extraña cualidad de los médicos humanistas, aquellos que saben que el paciente sufre, tiene miedo, y que el único acercamiento curativo posible es una mirada, una sonrisa, unos minutos de sincera atención.
Y Sacks me llevó a mis clases, a los orientadores, a los padres, a los pedagogos, a los programadores de carreras vitales, a la enseñanza como trabajo. Recordé a Jhon, que no sabía hacer análisis sintácticos pero entendió a Kafka; a Javi, hiperactivo fracasado en los estudios que escuchaba los relatos sobre mi homosexualidad adolescente con arrobo y que entendió a Bradbury; a Mario, psicótico y brillante, que explicó como docto sufriente aquel cuento sobre monstruos del interior y dejó de venir a clase. Recordé a muchos otros cachorros a los que quise y me quisieron. Recordé las conversaciones, las charlas sobre el arte de vivir, la vehemencia en los cuerpos.
Y por fin pensé en los jueces que delimitan la idoneidad con un cinco, en la muerte y en los tránsitos placenteros.

domingo, 4 de abril de 2010

Aprendizajes significativos


Nos enseñaron a temer el placer, a negarlo. Nos dijeron que había que temer la seducción, que la tentación de la carne precedía al maligno, que la alegría excesiva no era productiva. Nos hicieron desear lo vetado. Nos incoporaron a un mundo sin mácula donde el goce era eternente postergado. No sabían, no querían o no podían lidiar con la individualidad. Preferían el grupo compacto de una sola voz.
Nadie se preocupó por destruir el valle de lágrimas. Nadie vislumbró que la libertad es ante todo escuela de bienestares. Ninguna mirada contestaba las preguntas inocentes sobre cómo vivir mejor. Todas hablaban de responsabilidad, trabajo, ocupaciones o destinos más o menos etéreos.
Cuando repaso el tiempo malgastado, el sufrimiento desparramado en el vacío y la bondad que existe en dos cuerpos que se juntan, no dejo de mirar el presente como si fuera el último. Cuando recuerdo las miradas más severas de los progenitores de la nada, no puedo dejar de sentir ternura y solidaridad con aquel que empieza y solo quiere vivir.

viernes, 19 de marzo de 2010

Camilo y la incoherente levedad del porro de maría (p)

"Y mi gitano homófobo se levantó, exhibió su torso y alzó la mano de gozo eterno cuando recibió un nueve. Sonrió para celebrar que le había gustado un poema homosexual sin saberlo y después de saberlo"

No quiero educar a hijos, no sé, no tengo, solo quiero ayudar a personas; ayudar a ser, a recibir calor, a decidirse, a avergonzarse, a mostrarse. No quiero réplicas perfectas de la especie, solo gente que pueda percibir que la revolución pendiente no pasa por la inmolación, que engañar al que te hace sufrir es casi una obligación.
Lo miraba con sus gafas y su sonrisa y por primera vez me ha hecho profesor, el que habla delante y a favor de alguien, alguien que puede necesitar saber, vivir. Siento ya la distancia pero añoro no haber conocido a alguien como él a su edad. Me hubiera gustado enamorarme de él, salir del armario juntos y ahora solo puedo desnudarme ante todos sin pudor y sin armas.
Creo que ese es el pacto: se puede jugar a que todo es posible dentro de lo que nos ofrecen. Solo con ellos y por ellos soy verdadero. Me enseñan cada día que es posible construir, que mi única obligación es ser para que ellos sean.
Me han hablado hoy de la verdad, de los muros que se liberan al decirla, sea de amor o muerte. Me han hecho sentir que crezco con ellos, que lo que intuí cuando era el adolescente que sufría era valioso, que tener un colchón donde reclinarse no es malcriar, que hacer la vida placentera no es ocultar la realidad, es mejorarla.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Mercadotecnia electoral educativa


Pasado: EGB-BUP-COU-FP = 18/19 años.
Presente: PRIMARIA-ESO-BACHILLERATO-FP = 18/20 años.
Futuro: VOLVER-AL-Pasado-CON-LOS-NOMBRES-DEL-Presente.

Post data simplista: ¿no es más fácil reconocer que armarse de vaciedad ideológica?

domingo, 21 de febrero de 2010

La vida no es esto

La pedagogía es esto: el acompañamiento de la persona, no la investigación entomológica sobre el cumplimiento de las leyes.

viernes, 19 de febrero de 2010

Humano viene de humus (p)

En la modificación de conducta animal, las acciones más exitosas son el premio y el refuerzo negativo; el castigo casi nunca es efectivo.