Recorro parecidas calles, casi un idéntico trayecto aunque el origen y el destino sean diferentes. Entonces tenía trece años, todos los miedos, ansias de saber y vivir y un alarmante problema de relación entre iguales. Era un bicho raro al que nunca maltrataron por ello. Creo que, sin saberlo, cultivaba esa imagen que al menos daba posibilidades de ser en la individualidad. La clase era el sitio donde me sentía fuerte, donde me podía mostrar más real y donde había pocos fracasos. Allí surgió la pasión por enseñar como apéndice de un amor imposible. Allí la afición a la literatura como bien colateral de la pasión. Allí el grupo cristiano, mi afición a cazar conversaciones ajenas, los amores frustrados, cierto terror a los hombres y el arma secreta de la inocencia.
Ahora me sitúo al otro lado. Ya no hay miedos ni pudor, solo derrotas asumidas, pero el deseo es el mismo.
viernes, 26 de noviembre de 2010
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1 comentario:
Molaria ver una foto tuya de esa edad... ¿La tienes? ¿Podría verla? El mismo y distinto...
Oscar
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