En los tiempos de la primera transición oía a menudo la apelación a la mano dura: los españoles no éramos capaces de ser en libertad. Pensaba en mi ingenuidad infantil que si la mayoría quería la democracia, ya no había ningún problema. Después aprendí que en sociedad siempre hay alguien que con su libertad aplasta la de otros.
En esa mirada infantil me impactaban los versos de una canción: "pero yo solo he visto gente muy obediente hasta en la cama, gente que tan solo pide vivir su vida, sin más mentiras, y en paz". Los gurus de la oscuridad anunciaban las sietes plagas con una sonrisa de superioridad macabra. Cuando oigo a muchos profesores, padres y demás adultos carentes de memoria propia hablar de las cachorros humanos, siento esa misma sensación.
Noemí tenía dieciséis años, era morena y todos los fracasos escolares posibles. Los informes la calificaban de habladora, nada interasada en los estudios y perturbadora del orden de la clase. Tenía una risa estridente que estallaba por cualquier motivo, se preocupaba de su pelo y arreglo con dedicación. Un día se acercó con su sonrisa habitual, aunque algo más fuera de sí, pidiendo un psicólogo. Lo pedía como quien pide un caramelo o un regalo barato. Después, ya fuera de la clase, me habló de su familia, de los maltratos, del miedo a su padre que portaba pistola, de una separación que podía anunciar muerte, del pánico a vivir. Lloró. Nunca había hablado con nadie. Nadie sabía su historia. La acompañé al psicólogo. Estaba nerviosa pero agradecida.
Dos años después, me saludó por la calle otra vez, con su sonrisa franca y su pelo teñido de rubio. Estudiaba peluquería y su expadre estaba muy lejos, en otra ciudad. Todo marchaba bien. Me dijo que había estado en el insituto y que había preguntado por mí. Me dijo que seguía igual de guapo. Nos despedimos con alegría verdadera. Hoy la he vuelto a ver y su sonrisa sigue tranquila.
jueves, 13 de enero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
Desagravio de amor

"Solo es posible agachar la cabeza y decidir, decidir ser y querer y cerrar los ojos a tu esencia"
Se olvidan los sufrimientos del desamor, de los miedos ante la debilidad, de la idea de que la vida es ridícula y sin sentido. Te acostumbras a ser otra vez solo, te aseguras en las pequeñas cosas que hacen tu vida igual o diferente. Y deseas la rutina, la rutina de los animales, fuera de toda emoción salvaje, de toda pasión descontrolada. Te prometes que la próxima vez sabrás vivir mejor, sabrás controlar tus impulsos, sabrás dejar atrás las penas negras que solo pertenecen a ti mismo.
Me gustaría borrar las últimas horas, las últimas palabras, los últimos ojos tristes que se contagian. Me gustaría sospechar que es difícil vivir en las inseguridades, que las culpas están en los hados o en la sociedad. Sería sencillo buscar culpables pero imposible encontrarlos.
Ahora camino con seguridad, la seguridad del que solo quiere seguir, del que aspira a todo con las manos de la inocencia.
domingo, 9 de enero de 2011
Al cerrar la cremallera de la mochila (p)
In my place...
...y aquella noche el profesor se acostó con ganas de soñar y amar.
...y aquella noche el profesor se acostó con ganas de soñar y amar.
viernes, 7 de enero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
Yellow Lemon Tree II (p)
Quizá el ánimo sea eso, flujos que se entrecruzan, que chocan y se revuelven a su antojo. Escuchaba la canción, de hecho la sigo escuchando mientras escribo, esa que siempre me levantaba el ánimo, me hacía mover la cabeza como a tantos otros. Pero hoy he leído la letra por primera vez. Es una letra triste, una historia triste de ausencias y soledad pero la música te lleva a querer ser y a atisbar la felicidad. La canto y me siento en el limonero, y me tiño de ausencias y soledad en una tarde vacacional, sin nada que querer hacer. Sin embargo, está la música, la que lleva a mecer, a arropar las nostalgias y las melancolías.
Podría reír, podría llorar pero solo muevo el cuerpo al ritmo de la canción. Los ojos se emocionan, el corazón se espesa y la sonrisa se llena de poros de bienestar, pero al final solo puedo preguntarme cómo y por qué.
Podría reír, podría llorar pero solo muevo el cuerpo al ritmo de la canción. Los ojos se emocionan, el corazón se espesa y la sonrisa se llena de poros de bienestar, pero al final solo puedo preguntarme cómo y por qué.
martes, 28 de diciembre de 2010
El mundo vedado (mp)
¿Y por qué tengo que asumir la descomposición de la carne? Solo si cierro los ojos y no deseo.
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