lunes, 18 de julio de 2011

Verdades evidentes pero siempre dolorosas

Quién te quiere y a quién quieres. Cómo quieres y cómo te quieren. Cómo quieres que te quieran y cómo quieren que los quieras. Al final solo estás solo.

martes, 19 de abril de 2011

Edipo postcoital

Sin duda fue demasiado para mis diecisiete años y desbordante para sus cuarenta y nueve. Ella era abierta, pero con sólidas convicciones morales, heredadas del nacional-catolicismo y sometidas al imperio de la Razón. La diferencia está bien para el otro. Este era el mensaje más o menos difuso en esa casa con acequia.
Como casi siempre, quise ser adulto y me equivoqué. Y al lado un adulto que tampoco quiso o supo y que se equivocó todavía más. La conversación fue un disparate: negación de lo obvio, acusaciones de todo tipo y en ningún momento ninguna apelación al cariño, a la ternura, al bálsamo familiar, al pobre niño que crece y tiene muchísimo miedo.
Los intentos posteriores acabaron igual: yo, un caballo desbocado como solo en familia; ella una adolescente que no sabe que es madre y no para de chillar yo y yo. La última marcó el inicio de la separación definitiva, la apertura al mundo adulto, a ser un individuo solo que heredó vínculos.

lunes, 11 de abril de 2011

Epístola moral a una ministra

Señora Ministra de Sanidad:

Me confieso un descarriado, un inadaptado en esta sociedad de pretensiones de inmortalidad. Aunque imagino que está bien soñar que es así. Quizá podría cambiar el nombre de su ministerio por el de Inmortalidad. Ya me dijeron hace tiempo que era mortal, que el principio del fin podría producirse en cualquier momento. Para ello tomo diariamente unas cuantas pastillas. Pero sé que moriré. No sé cuándo, pero llegará. Me gusta vivir, pero vivir como pueda y quiera. Mis análisis son buenos, mi estado general casi excelente, como verduras, frutas, alimentos saludables, pago mis impuestos casi gustosamente, trabajo con decoro y dedicación, soy amable, sonrío cuando puedo.

Pero me gusta fumar, quiero fumar. Comprendo Su preocupación por la salud ajena, comprendo que no debo molestar al prójimo. Pero sus motivaciones son algo más puritanas para mi desgracia. Pretende decidir cómo debo morir. Pretende inmiscuirse en mis pocas decisiones personales. Entre mi cigarro y yo pretende establecer un valor supremo, el de Mi Salud, pero sin preguntar, sin querer saber mis razones.

Su última campaña de fotos desagradables no me hará desistir en mi empeño, el de ser un poco libre a pesar de mis marcadores tumorales. Me siento agobiado (también un poco honrado por tanta dedicación) y cada vez más ciudadano, ciudadano que se arroga en la misma medida que Usted el derecho a chillar, esta vez no mediante fotos (prefiero los cuerpos desnudos, son menos agresivos) sino con palabras.

Sigo escribiendo con el cigarrillo en la mano e imagino el gesto de cabeza negativo. No sé qué se sentirá Usted, si valenciana, española, europea… Yo tan solo un animal humano al que trajeron aquí hace bastante tiempo. Querría dejarle la construcción de naciones e ideales a Usted.

Tan solo me conformaría con que no me chillara más.

All I wanted is to survive

Me gustaría escribir, pero ahora toca solo vivir. Las excusas son buenas para el invierno, para el otoño que deshoja pasados. Ahora sale el sol y la vejez avanza, pero solo queda hoy como esperanza de futuro. Nada más que hoy para sonreír con ojos de nuevo interesados. Únicamente hoy para que nada sea cine de nuevo.

viernes, 4 de marzo de 2011

De psicopedagogos, padres y demás adláteres

Leo en un periódico una inquietante noticia a tamaño considerable. Un ilustre presidente de una asociación de psicopedagogos y una de asociación de padres claman contra el dislate de tres viernes festivos en poco menos de mes y medio. La tendencia de los seres humanos a buscar la responsabilidad en otros y a modificar solamente lo banal es infinita. Los males del sistema y de la práctica educativos son grandes pero no había caído en lo desastroso de esos viernes para el futuro de nuestros estudiantes. Reflexionaba sobre la realidad de nuestras aulas, sobre un sistema educativo que se basa fundamentalmente en lo fantasmal. Pensaba en los alumnos díscolos y su entorno familiar, en los profesores que no los ven como personas en proceso de formación y desvalidos ante sí mismos y los demás; y pensaba en todos los planes educativos, programas y demás organizadores del alma humana.
Entonces me acordé de aquella orientadora-psicóloga-pedagoga que nos arengaba en una comisión de coordinación pedagógica sobre el trato a los alumnos, el cumplimiento de sus expectativas y el verdadero foco de atención que eran sus intereses. En aquel momento sonreí solo con desconfianza. Al cabo de los meses cambió mi mueca cuando asistí al baile de expulsados de la orientadora-profesora y sus amargas quejas ante unos alumnos de casi dieciocho años que no le hacían caso. Y de nuevo volví a pensar: suum cuique (a cada uno lo suyo).

domingo, 23 de enero de 2011

La boda de Ítalo (p)

Ítalo se casó. El cliente estaba invitado a la boda. No fue: demasiadas farsas, demasiados coqueteos con el absurdo, con la virtualidad, con el no ser. La cita fue tranquila. Le contó la alegría por los preparativos y esa parte de su secreto que el cliente intuía. Su rostro reflejaba su estado de ánimo, pletórico, y los dos reían por esos aires de boda hetero que le exigía su novio.
Al cliente se le esponjó el corazón, vio por primera vez esa distancia que los separaba y que los unía. Lloró de alegría en su interior cuando esos labios relataban los papeles por fin ansiados, el viaje a su país con su nueva casa, casi acabada y habitada por su abuela. Su cara era más joven.
Brindaron por sus papeles, por sus sueños, y el cliente sintió su edad, su necesidad de cuidar. Deseó solo tener ese cuerpo y poder sentirse digno de él. Tuvieron sexo, intenso, explícito, de bocas que solo desean el miembro del otro, de bocas que hacen jadear como orgamos. Los dos se corrieron como lo hacen los enamorados. Los dos fueron felices por un instante. Y los dos se arreglaron deprisa, inquietos, felices como lo hacen los infieles.
El cliente añadió más dinero al regalo de boda. Se abrazaron como familiares incestuosos. No se besaron en la boca, casi nunca lo habían hecho. El cliente vio el brillo de sus ojos, la lágrimas reprimidas. Le deseó verdadera felicidad, próspera individualidad. Dijo sí a un banquete a dos, en su casa.
Todo fue otra vez armoniosa locura, delirios de realidad.

lunes, 17 de enero de 2011

Cómo hablar

... Y el zorro quiso huir adonde nadie le raspara el corazón.