jueves, 8 de abril de 2010
お久しぶり~
Me gustaría saber qué media entre dos signos, entre dos lugares a miles de kilómetros. Quizá nunca hay nada en común entre dos seres que buscan y ahí empieza todo. Escribo por necesidad, por adicción, por romper la caricatura de la muerte o por esa soberbia infantil de la que me acusaban.
Pero sé que solo se puede convivir en soledad, donde reside la libertad y la necesidad de acercamiento.
Pero sé que solo se puede convivir en soledad, donde reside la libertad y la necesidad de acercamiento.
Christus patiens

Baco fue negado como dios, encarcelado, humillado y salió victorioso rompiendo sus cadenas y quemando la cárcel. Cristo se convirtió en un dios del sufrimiento y Dionisos en el del placer: teatro, vino, sexo, entusiamo, bacanal.
... Y los cristianos exaltaron la cruz, las llagas y el dolor como vía de salvación.
lunes, 5 de abril de 2010
Luciérnagas en el jardín (p)
Al final quedan los objetos como elemento de identidad, como tabla de salvación y de distancia. No se olvidan los gestos de desprecio, la falta de cariño, la sensación de que nunca podrás ser como el padre quería que fueras. Veía la película y recordaba esos tránsitos de conciencia, ese periodo donde intuyes que solo eres querido como producto de una eyaculación, no como persona. Durante mucho tiempo concebí la infancia como periodo especial, mágico, feliz. En verdad lo fue, pero duró tan poco, cuatro, a lo sumo cinco años.
Después vino la consciencia que ahora sé certera, la censura hacia la mostración del cariño, la falta de entendimiento hacia la sensibilidad. Percibí que sus intereses y afectos eran otros y que mi mundo era de verdad excluyente y antagónico. Sufrí en la niñez por sentirme diferente ante el padre, porque mi sitio no pasaba de jarrón decorativo. Fui conquistando deseos propios y me faltó el empuje para actuaciones de libertad.
Adquirí el derecho a la palabra pero me negué el del acto. Podía haber sido muy feliz, pero no me dejaron. No entendía por qué tocar era malo, por qué había que jugar a no decir los sentimientos. Discutía solo en mi interior sobre la hipocresía, sobre la fatuidad, sobre la aparicencia. No entendía la necesidad de hacer daño, la obligación de marcar las vidas de los demás.
Recuerdo el coro de miradas en la cocina infantil ante la afirmación de la madre en tono de reproche "a ti todo te parece bien". Y era verdad que no todo estaba bien. Y era demasiado verdad que sus valores tampoco lo estaban.
Se mezclaban el orgullo, la tristeza, la convicción con la eterna soledad. Quizá ahí empieza todo, cuando descubres que solo puedes tocar tus objetos porque solo eso es tuyo.
Después vino la consciencia que ahora sé certera, la censura hacia la mostración del cariño, la falta de entendimiento hacia la sensibilidad. Percibí que sus intereses y afectos eran otros y que mi mundo era de verdad excluyente y antagónico. Sufrí en la niñez por sentirme diferente ante el padre, porque mi sitio no pasaba de jarrón decorativo. Fui conquistando deseos propios y me faltó el empuje para actuaciones de libertad.
Adquirí el derecho a la palabra pero me negué el del acto. Podía haber sido muy feliz, pero no me dejaron. No entendía por qué tocar era malo, por qué había que jugar a no decir los sentimientos. Discutía solo en mi interior sobre la hipocresía, sobre la fatuidad, sobre la aparicencia. No entendía la necesidad de hacer daño, la obligación de marcar las vidas de los demás.
Recuerdo el coro de miradas en la cocina infantil ante la afirmación de la madre en tono de reproche "a ti todo te parece bien". Y era verdad que no todo estaba bien. Y era demasiado verdad que sus valores tampoco lo estaban.
Se mezclaban el orgullo, la tristeza, la convicción con la eterna soledad. Quizá ahí empieza todo, cuando descubres que solo puedes tocar tus objetos porque solo eso es tuyo.
domingo, 4 de abril de 2010
Aprendizajes significativos

Nos enseñaron a temer el placer, a negarlo. Nos dijeron que había que temer la seducción, que la tentación de la carne precedía al maligno, que la alegría excesiva no era productiva. Nos hicieron desear lo vetado. Nos incoporaron a un mundo sin mácula donde el goce era eternente postergado. No sabían, no querían o no podían lidiar con la individualidad. Preferían el grupo compacto de una sola voz.
Nadie se preocupó por destruir el valle de lágrimas. Nadie vislumbró que la libertad es ante todo escuela de bienestares. Ninguna mirada contestaba las preguntas inocentes sobre cómo vivir mejor. Todas hablaban de responsabilidad, trabajo, ocupaciones o destinos más o menos etéreos.
Cuando repaso el tiempo malgastado, el sufrimiento desparramado en el vacío y la bondad que existe en dos cuerpos que se juntan, no dejo de mirar el presente como si fuera el último. Cuando recuerdo las miradas más severas de los progenitores de la nada, no puedo dejar de sentir ternura y solidaridad con aquel que empieza y solo quiere vivir.
Etiquetas:
Cuadernos de pedagogía,
Ministerios del placer
viernes, 2 de abril de 2010
Medidas anticrisis
"Además, aquellos a quienes ha perjudicado, al quedar dispersos y empobrecidos, no le pueden ocasionar daño alguno; todos los demás permanecen, por un lado, no perjudicados, con lo cual deben estar quietos, y, por otro, con miedo e equivocarse, temerosos de que les suceda ellos igual que los expoliados." Maquiavelo. El príncipe (El arte del poder)
Los mercaderes que dominan el mundo vomitaron de poder y sus deposiciones provocaron un cataclismo. Después vinieron nacionalizaciones, dinero público para las bancas, promesas de control de los paraísos fiscales, refundación del capitalismo, subidas de impuestos a las clases altas...
Ahora ya pasado el pánico inicial, las baterías armadas de medidas antisociales son reforma del mercado laboral, abaratamiento del despido, subidas indiscriminadas de impuestos, alargamiento de la edad de jubilación, bajada de sueldos...
Y el pueblo, timorato, temeroso y desarmado, busca como solución los dientes afilados de quienes propagaron la crisis.
Los mercaderes que dominan el mundo vomitaron de poder y sus deposiciones provocaron un cataclismo. Después vinieron nacionalizaciones, dinero público para las bancas, promesas de control de los paraísos fiscales, refundación del capitalismo, subidas de impuestos a las clases altas...
Ahora ya pasado el pánico inicial, las baterías armadas de medidas antisociales son reforma del mercado laboral, abaratamiento del despido, subidas indiscriminadas de impuestos, alargamiento de la edad de jubilación, bajada de sueldos...
Y el pueblo, timorato, temeroso y desarmado, busca como solución los dientes afilados de quienes propagaron la crisis.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)